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Victoria del Jazz. Jesús Bal y Gay.
Estamos
de enhorabuena sus amigos. Estos hombres a quienes muchos otros
mirarán pro encima del hombro, su mirada fruto de esa amistad. El
jazz acaba de obtener una graciosa victoria en la altísima provincia
musical que es el teatro de la Opera de Viena. Una victoria más,
pues no es ésta la primera ni aún siquiera la única en el actual
momento. Todos los días puede registrarse alguna que va desde que
hace diez años la vieja Europa y la joven América (…) asimilarse
el pigmento negro del folclore universal.
Ya
lo habrán leído muchos de los que ahora estén leyendo esto. El
director del Teatro de la Ópera de Viena expulsó-en un día de
probidad artística-a dos miembros de la orquesta acusados de tocar
música negra en un music-hall de la ciudad ¡Bien, bravo!, habrán
gritado los “buenos aficionados” de la Ópera vienesa. En la
mayoría de los cerebros melómanos de todas las latitudes
“civilizadas” hay una oficina secreta para la lucha contra el
jazz-band (como si dijéramos, una organización anti soviética).
Amenazada de esa especie de horrible bolchevismo, la música europea
tradicional, representada como no podía dejar de ser, por ese género
conservador que se llama ópera, da su grito de guerra mejor, de
guerra defensiva. Pero en realidad, ya es un poco tarde. Muchos
grandes músicos y entre ellos los más grandes del momento, han
mirado con curiosidad “du coté de chez Tom”. Y tras la
curiosidad vino la simpatía, y luego el entusiasmo. Y después lo
que ya se sabe. La música culta, que no había desdeñado ningún
folklore, tampoco quiso apartarse ante la llegada del negro ¡Y
cuánta buena música le debemos ya a su mirar curioso! Tanta que
cada día es menos nuestro peligro de amadores del jazz. Dentro de
poco tiempo-y ya hoy mismo-habrá que huir tópicos laudatorios. Y
entonces ¡ay! Habrá que volver a explicar bajo otro ángulo esa
música.
Hoy
piezas musicales de todos los caracteres adoptan los modos negros y
negroides. Todo instrumento músico puede hoy maquillarse con “blues”
y “espirituales”. Bajo el dominio de la emperatriz Josephine, el
mundo ve florecer música angulosa, llena de un vigor irresistible,
hija legítima del jazz. Los conciertos se invades de esta música. Y
la ópera también ¡Y la Opera de Viena!.
A
los pocos días de ser despedidos de su puesto en la Opera, los dos
músicos vieneses que tocaban música negra en un music-hall han sido
readmitidos por su director. Esto cuenta la crónica que el telégrafo
escribe en todos los periódicos del mundo. Y, afortunadamente, no
quedaron ocultas las razones del cambio de actitud de director tan
escrupuloso. Existe una sola, pero poderosísima: la Opera de Viena
ensaya una obra en la que el elemento negro tiene buena parte. El
director ha tenido que rendirse. Y la música de color ha saltado al
escenario por encima de los pupitres de la orquesta.
Decididamente,
la música europea se asegura una larga vida futura.
(El
Pueblo Gallego 24.1.1928)
© Ana Bande

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