| Crónica (Madrid) 6.2.1932 p.4 |
| El Pueblo Gallego, 2.6.1931 |
Un cuarteto.- La violoncelista que recuerda a Jeanette Mac Donald. El cuarteto Sanginés lo forman Conchita Sanginés, piano; su hermana Pepita, violoncello y jazz; Eduardo Sanginés, padre de estas dos encantadoras criaturas, contrabajo y banjo, y Germán Sabat, violín. Los sorprendo tocando en un popular café de la barriada de Pardiñas. Pepita, belleza rubia que recuerda a la Mac Donald, es belga, nacida en Bruselas. Conchita, barcelonesa, como su padre. Ambas han hecho sus estudios musicales en la Escuela Municipal de Barcelona. Terminadas sus carreras, formaron el cuartto y se lanzaron a recorrer los cafés españoles, dando conciertos. Llevan tres años de actuación y han recorrido Galicia, Castilla, Andalucía y Marruecos.
-¿El público más aficionado a la música?
-El andaluz-contesta Pepita-. Es donde hemos tenido nuestros mayores éxitos.
-En Galicia también gusta mucho-interviene Conchita- Como que hay cafés donde llevan su entusiasmo por la música hasta el punto de no poder jugar al dominó si no es con acompañamiento de orquesta.
-Algunos-aclara el padre- necesitan, para cerrar a blancas, que se les toque la marcha triunfal de Aida. ¡son unos sibaritas!...Estos guardan luego un silencio absoluto cuando se toca algo de jazz, y sobre todo si es coreable, lo escuchan con verdadero repeto.
-¿Hacen cosas serias, modernas o clásicas?
-Cada vez menos. cuando vemos por el ambiente que el público nos lo permite, intentamos una escapada a la música pura; pero esto es cada día más raro, y, por el contrario, hemos de tocar cosas de jazz y banjo y hasta cantar romancitas y números de las películas sonoras en boga.
-¿Y quién canta?
-Yo-dice Pepita-, al mismo tiempo que toco el jazz. Otras veces, mi hermana.
-Ahora va usted a oírla-dice el padre-, pues empezaremos la sesión de la tarde.
La hermosa Pepita Sanginés, en efecto, canta la marcha de El desfile del amor y otro número de Montecarlo, acompañándose al jazz, y su voz brillante y cálida de soprano nos recuerda la de Jeannette Mac Donald, como antes su figura nos recordó a la star famosa. Canta en francés con una gracia cautivante que tiene a todo el público del café pendiente de su sonrisa y de su voz, y termina bajo una estruendosa salva de aplausos. Pienso que podría ser una gran artista de la pantalla sonora, y se lo digo. Contesta con cierto escepticismo:
-Yo, a la vez que la Música, estudié el Canto, con la ilusión de consagrarme al arte lírico; por eso domino la Bohéme y otras óperas; pero la realidad me ha traído por otros derroteros...La lucha por la vida se hace cada día más difícil, y hasta en el café sentimos la competencia, upes hay Empresas que a nuestas orquestas de familia prefieren esas otras formadas por chicas libres, que no tienen que dar cunta a nadie de sus actos, aunque la solvencia artística de tales agrupaciones deje tanto que desear.
-Algunos "cafeteros"-añade el padre-, cuando ven que las orquestas que han contratado son de muchachas honestas, aunque sean extraordinarias artistas, no las prorrogan.
-¿Y si son verdaderas virtuosas de su instrumento?
-Mientras más "virtuosas", peos. Y hasta los hay que, aprovechando la crisis del trabajo actual, llevan orquesta sin hacerles contrato ni anticipo ni pagarles viajes, y luego, como las tienen a merced suya, al primer día flojo las despides y las dejan en la calle ¡como no hay nada firmado!
-¿Qué suele cobrar?
-Un cuarteto como el nuestro, de cuarenta a cincuenta pesetas diarias en Madrid y el doble en provincias, por un mes prorrogable, sacando el diez por ciento para el agente que nos contrata.
-¿cuántas veces tocan al día?
—Veinte o veintidós, distribuidas en las dos sesiones de tarde y una de noche.
—-Mucho trabajo me parece, señoritas.
—jY que no falte!
CRÓNICA (MADRID) 6.3.1932
Las orquestas de señoritas que tocan en los cafés.
© Ana Bande
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