La
irrupción del “jazz” en la música sinfónica. David Casares.
Un
hecho se ha producido que evidencia el fracaso del movimiento
revolucionario que emprendieron los músicos de vanguardia: el
“jazz”, la música de negros africanos con su poder rítmico, ha
invadido los programas sinfónicos desplazando las producciones que,
exentos de lógica, carentes de ideas, todo lo destruían para
introducir la anarquía en todas las fórmulas compositivas. Todos
los esfuerzos realizados por los compositores de última hora,
querían emular a Picasso en la música- sin el talento de Picasso,
desde luego-; que aparentaban sentir lástima por quienes todavía
nos deleitamos con una sinfonía de Morzart o sentimos vibrar nuestro
ser al sonar vigorosamente una sinfonía de Beethoven construida con
arreglo a planos claros y maravillosos del mejor arquitecto musical;
todos esos esfuerzos, repetimos, han sido vanos. Ha pasado poco
tiempo, apenas el de una generación, y todo lo vanguardista, sin
líneas melódicas cargado de aristas, armonizando arbitrariamente,
se desvanece, se diluye. Y lo que aún queda, es desplazado por
quienes quieren correr más que el tiempo. Esta es la señal más
clara de su fracaso: el desplazamiento, el abandono de algo nuevo que
nada deja tras de si. Esto nuevo es el “jazz”, que del tablado se
eleva a un escenario en que actúan orquesta de primer orden, que a
las fórmulas arbitrarias de Malipiero sustituye con la fórmula
“stranht” de Paul Whiteman, seguramente menos absurda.
Recordemos
a Dvorak. Su sinfonía “Nuevo Mundo” y su “Cuarteto de negros”
para instrumentos de cuerda. Y recordemos también a Debussy: su
“cake-walk”. Dvorak trajo a España su música negra, melodías
de los cantos sagrados de los esclavos; ecos de “La cabaña de
Tom”; y evocación de los campos de algodón y de los tabacos de
Virginia. Su sinfonía, demasiado melosa, por ser harto melodiosa,
llegó a gustar extraordinariamente; pero fatigo a los que,
musicalmente, buscaban mayor enjundia musical, a quienes querían el
sometimiento de la melodía a la técnica constructiva y no lo
contrario. Sin embargo, Dvorak, aún en nuestros tiempos triunfa
entre quienes buscan solamente el deleite melódico, porque esa
música les habla de exotismo, de lugares desconocidos a los que la
imaginación ayudada por las melodías, lleva el pensamiento para
crear una ilusión. Por eso, aún gustando todavía la sinfonía
“Nuevo Mundo”, suena a música demasiado ingenua, demasiado
folclórica. Y el “jazz”, música de negros con una pureza
rítmica de que le desposeyó Dvorak, se impone, siquiera sea por rel
momento y no con gran suerte.
En
uno de los recientes conciertos que dio la Orquesta Pasdeloup de
París, se ofreció al oyente un programa de novedades entre las que
destacaban dos obras a base de música de “jazz”, no la música
de “cabaret” ruidosa, aburrida las más veces, sino el “jazz”
que no es símbolo de salvajismo y anárquico de la música de los
negros del África central, que, en su ignorancia, respondiendo solo
a su instinto musical exponen que es la raza más musical de todas y
que poseen una verdadera riqueza de sentido rítmico muy superior al
de cualquier músico europeo.
No
queremos decir, y menos afirmar, con esto que el “jazz” haya
venido a engendrar fórmulas musicales nuevas. A lo más a que puede
aspirar es a la práctica de la técnica rapsodial, exactamente igual
que los tziganes húngaros. En efecto, los negros, con su “jazz”
improvisan sus cadencias con alternativas de vertiginosos dinamismo y
de nostalgia, como los europeos. Los negros forman un grupo homogéneo
de ejecutantes que obedecen a una disciplina musical que no nace del
imperativo de una partitura, sino que es una especie de acuerdo de
los nervios con el mismo diapasón, igual que sucede con las cuerdas
del arpa.
Por
eso, los compositores bien poco tienen que aprender del “jazz”,
que también morirá pronto como género sinfónico y sólo ocupará
en la historia musical un lugar estrictamente episódico y muy breve.
No obstante, ofrece material bastante aprovechable por su carácter
rapsódico, porque la rapsodia se nutre del lirismo instintivo del
alma popular y esto puede servir para que se purifique y se anime el
ambiente musical, demasiado asfixiante desde que llegaron músicos
nuevos constructores o destructores cargados con fórmulas
geométricas.
Lo
que sí tienen que aprender los compositores de estas obras de música
de “jazz” elevada a la categoría de sinfonía, es a ser lógicos.
Tanto estos compositores que adoptan la música de “jazz”, como
los que antes querían revolucionar completamente la música,
continúan utilizando dócilmente la orquesta clásica. Aún en
algunos vanguardistas, muy pocos, hubo gestos de valentía en la
combinación instrumental; pero estos de la música negrea se han
conformado con un triángulo, el bombo con platillos, algún otro
instrumento de percusión y nada más. Prescinden de toda la
pirotecnia de sonoridades que les ofrece esa música; rompen la ley y
siguen con las viejas costumbres o con los mismos agentes. Y así no
se revoluciona nada. Esta ha sido la causa de que la “Jazz Music”,
de Marcel Poot no sea otra cosa que la adopción y aplicación del
estilo sincopado en una composición moderna con orquesta clásica,
que Basilewsky con su “The jazz in the zoo”, no haya logrado el
éxito esperado. Simboliza al “fox-trot” con el canguro; al tango
con el camello; al “blus” con el elefante; al “charleston”
con la ardilla, y al “one-step” con el avestruz. No no parece muy
acertado aunque se haya rendido pleitesía al ritmo.
Y
a Gershwin le pasó algo parecido con su “Rapsody in blue”. No
tuvo en cuenta que no basta escribir música de “jazz” sinfónico.
Su obra, mucho mejor en el género que las otras dos, fue
interpretada por una orquesta acostumbrada a interpretar a Mozart, a
Beethoven y a Wagner. Y la música elevada al escenario por una gran
orquesta clásica podrá hacerse todo lo sinfónica que se quiera,
pero tiene que tener también sus interpretes: Música clásica y
música de “jazz” no es lo mismo. Aunque pongamos todo el empeño.
(Exclusiva para la Agencia “Alpes”.-Prohibida la reproducción)
(El
Pueblo Gallego, 4.4.1936)
© Ana Bande
No hay comentarios:
Publicar un comentario